Cine y dinero, esa es la cuestión

Mi abuelo se ganó la lotería dos veces en su vida. ¿A quién no le gustaría tener esa suerte?… A veces pienso que a lo cineastas colombianos. Pero sacudo la cabeza y pienso que somos medio raros, pero no tanto. Muchos dirán que no les importa hacerse ricos con el cine, pero en serio, ¿Por lo menos –muy en el fondo– no les gustaría que su película fuera vista por un público numeroso?

Cuando le cuento a los amigos que no tienen nada que ver con el medio cuáles son las cifras que se mueven en este, arrugan la frente incrédulos. Para ellos es inconcebible que se gaste esa cantidad de dinero y el retorno en la mayoría de proyectos sea negativo.

Yo les hablo de la necesidad de que sea subsidiado y de la importancia de contar nuestras historias, pero aún así, no terminan de entender. Y comprendo su confusión. Es duro ser sostenible en el mundo del arte, pero cuesta creer que no se puede hacer algo más en el cine donde se mueve gran cantidad de dinero. El medio audiovisual atrae un gran público, el problema es que un porcentaje mínimo es hacia las películas nacionales.

Desde la escritura veo algunas causas evidentes. Por ejemplo, muchos quieren hacer historias innovaras, pero ignoran –como si esto fuera lo novedoso– las bases de la dramaturgia. El innovar no es ignorar convenciones que están en el ADN del hombre desde la caverna, ni dejar de preocuparse de que el espectador reciba los estímulos suficientes para motivarlo a seguir la historia.

En ocaciones se siente que se hacen las películas para el equipo de producción y la gente del medio, para que se admiren del plano que costó tanto trabajo. Pero pensar en el público no es fallarle al deseo de poner una mirada propia a una película, es pensar en un producto para proyectar en una enorme pantalla y no en el zootropo de los amigos.

Antes de que toda la locura del COVID comenzara, tuve una conversación en esos grupos que se forman a la hora de la cena en los festivales, en los que se reúnen actores, directores y productores. En la mesa se daban ejemplos de problemas en la producción y de falta de dinero; cuando se hablaba de producciones que no habían tenido mayores inconvenientes, se escuchaba el lamento de que el público no había respondido.

Ya es una perogrullada decir que Dago García la tienen clara, que el hombre sabe a lo que la mayoría de los colombianos le gusta y que sabe, y puede, lanzar películas en fechas estratégicas. Pero ese es otro cine, es algo muy diferente a lo que quiere hacer la mayoría de cineastas colombianos. El reto está en ejecutar esa alternativa pero atraer al público. Para esto se debe comenzar por no perder de vista ese premio mayor, el público. El que no nos hará ricos, pero sí nos dará el dinero para hacer la siguiente película.

Photo by Travis Essinger on unsplash.com

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