No perder el alma

No perder el alma de lahistoria

La aspiración de todo autor es que su obra sea vista por un gran público. Si no es así, y se trata de una película, es algo irresponsable. Pero el tema a tratar no es una discusión moral sobre el gasto de recursos, sino el complejo momento en que se tiene que escuchar a los productores sobre sus gustos y sobre lo que creen impactará a la audiencia. 

Los gustos son innumerables e igualmente los comentarios de cómo se podría mejorar un guión (Ya había hablado en un post anterior sobre ese ejercicio y la dificultad para no herir mucho al ego). Pero después de escuchar comentarios por parte del equipo de producción e incluirlos en la historia, hay otro momento que podría llegar para el guionista, el desapego hacia la obra.

No se trata de que al tener un productor, director y un equipo envuelto, se les entregue el guión para que hagan lo que se les venga en gana. No. Tiene que ver más con que, con los múltiples cambios realizados, que si se adoptaron fue porque enriquecían la historia, el autor ve su obra lejana de lo que pensó en su primer borrador.

Sí, escribir es reescribir. Pero existe el peligro que se pueda perder el alma que se le infundió a la historia en un primer momento y que fue lo que llamó la atención para que los productores entrar en el proyecto. Cuando se trabaja con un equipo grande y se comienza a decantar mucho mejor el público objetivo de la película esto puede suceder. 

En ocaciones, me ha costado adaptar los aportes del equipo al guión. Como decía, creo que son buenas ideas, pero no están tan presentes en mí, y esto hace que pierda algo de pasión por la escritura del texto.  Aquí es donde debe comenzar un gran trabajo de empatía por parte del escritor. Es la hora de escuchar a los otros miembros del equipo, no solo sus comentarios, sino sus preferencias, gustos y personalidades para entender por qué proponen una idea; contagiarse de su entusiasmo por esta.

El unir estas ideas es acercar la historia a un publico más grande. Por eso es clave entender su origen y la motivación que hay detrás de ellas. Por supuesto, y lo más importante, es que se adapten al alma de la historia, que fue la que en un primer momento impulsó al autor a escribirla. Es normal que se den estos bajones anímicos y crisis creativas durante la puesta a punto de un guion, pero no hay que olvidar el alma de la historia para reescribir con pasión.

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